Ni temidas ni temibles, sólo imparables, de Elena Blasco Martín

    Ni temidas ni temibles, sólo imparables, columna de opinión de Elena Blasco Martín, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de @CCOO, para El Siglo de Europa, 14 de junio de 2019."

     

    14/06/2019.
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    SI ALGO hemos podido comprobar en los dos periodos de campaña electoral que hemos vivido a lo largo de este año, es que las mujeres no sólo han sido el foco de atención, para lo bueno y para lo malo, sino que también han sido protagonistas, por los mismos motivos, de buena parte de las noticias que se han ido generando.

    Y es que resulta curioso que las grandes controversias que se han levantado por declaraciones u opiniones dadas por las candidatas al Congreso, Senado, comunidades autónomas o alcaldías, más allá de la calidad de éstas, han tenido mucha más repercusión y difusión mediática que las que puedan haber hecho sus homólogos masculinos.

    Si reflexionamos un poco, podemos ver que ser mujer y expresar sin trabas tus opiniones o ideología penaliza más que si lo hace un hombre, nada que deba extrañarnos ya que algunos y algunas aún mantienen en su subconsciente ese lamentable refrán, que recogía el Quijote: “La mujer honrada, la pierna quebrada y en casa”.

    Los ejemplos son múltiples y de todos los signos políticos, desde la derecha, cuyas representantes, más allá de haber expuesto opiniones sin filtro, con las que podamos o no estar de acuerdo, han sido vapuleadas sin cortapisas cuando han sido tan contundentes o afiladas como lo pueden haber sido sus compañeros de partido; hasta la izquierda, donde figuras públicas de trayectoria intachable como la alcaldesa en funciones de Madrid o la de Barcelona, en cada aparición y declaración a los medios son acribilladas con críticas negativas que sobrepasan la esfera política.

    ¿A qué se debe esta inquina? ¿Aún no acepta la opinión pública, la colectividad, que una mujer pueda ostentar puestos de representación institucional de alta responsabilidad?

    Una sociedad como la española, que, como ya hemos recordado en otras ocasiones, se declara mayoritariamente feminista, parece no asumir que la presencia de las mujeres en las instituciones, en la alta representación del poder ejecutivo y legislativo (del judicial no hablamos, la foto de los componentes del Tribunal Supremo habla por sí sola) es un hecho, y no sólo por ese soterrado y latente machismo patriarcal, que de cuando en cuando emerge sin freno, sino porque parece que no se ha asimilado culturalmente que esa igualdad ha de llegar a todos los ámbitos. Cambiar en pocos años la inercia de siglos es muy difícil pese al impresionante avance que hemos tenido en este último bienio.

    Por ello, es desgraciadamente normal que se abran espitas por las que salga esa frustración acumulada y surjan partidos políticos de extrema derecha desde donde se dé altavoz a ese rancio supremacismo masculino que se resiste a entender que su tiempo ha pasado. Por suerte, de una convocatoria electoral a otra, el pueblo ha demostrado su cordura y los apoyos obtenidos por estas opciones políticas se han visto reducidos a la mitad. Sin embargo, no debemos confiarnos, hemos de seguir atentas y defender cada día los avances que con tanto esfuerzo hemos obtenido, ya que, como hemos repetido tanto en las calles: “Los derechos se conquistan y se defienden”.

    Aun así, es muy posible que la relajación de unos primeros resultados propicios para la izquierda, unido a la división interna e histórica de la misma, sea el componente que haya provocado que nuestro futuro próximo nos depare cambios en el panorama político, sin lugar a dudas, y en ellos seguiremos teniendo importancia capital ya que, teniendo nuestro país uno de los parlamentos con mayor presencia femenina del mundo, nuestro peso ha de inclinar la balanza para una evolución en femenino de la alta política.

    No cabe duda de que es el tiempo de las mujeres y hemos de aprovechar la coyuntura para ayudar a que la sociedad, la cultura y la política evolucionen en equidad e igualdad; no podemos dejar pasar la oportunidad, pese a quien pese, superando obstáculos y barreras, como hemos hecho siempre, reafirmando nuestras posiciones y defendiendo lo conquistado mientras seguimos avanzando.

    Es ahora cuando nos situamos al final de un ciclo electoral y cuando deben producirse las claves estratégicas de acción. Comenzar a legislar es urgente y necesario, y de nuevo las mujeres nos convertimos en sujetos demandantes, exigiendo al Gobierno que cumpla sus promesas; pero, sobre todo, que cierre el paso al espacio institucional a esa ultraderecha antifeminista, racista y homófoba.

    Es el Gobierno quien tiene la pelota en su tejado y debe recuperar su legitimidad y confianza con reformas sociales de calado en donde la ciudadanía en general y las mujeres en particular nos sintamos escuchadas, representadas y visibilizadas.

    La ‘Revolución Violeta’ es la gran revolución del siglo XXI y, tal y como decía Karl Marx, “las revoluciones son las locomotoras de la historia”. Sin duda, porque nosotras somos el fuego que hace que se avance de forma imparable, irresistible... Sigamos en la lucha.

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